La clave, y lo que propone el currículo, es que no se trata de memorizar una plantilla, sino de saber actuar en una situación comunicativa real. Antes de escribir, conviene planificar: preguntarse quién leerá el texto, cuál es el propósito comunicativo y qué formato/recursos emplearéis. No es lo mismo convencer a un tribunal que responder a un comentario en redes, aunque el tema sea el mismo.
Por eso, trabajaremos la escritura como un proceso y no como un resultado inmediato. Planificaremos, redactaremos borradores y los rumiaremos para mejorarlos: elegir la palabra precisa en lugar de la primera que llega, cuidar la ortografía y la gramática y pulir el estilo para que el texto convenza más.
Estas destrezas no se quedan en el examen. Las usaréis en un trabajo universitario, en una carta de presentación o cuando tengáis que defender una idea ante otras personas. La PAU es solo la primera ocasión de demostrarlo.
Para preparar la cuestión de la producción textual, os podéis servir de los materiales en esta otra entrada del blog.
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